A la memoria de Víctor Manuel Prado Salazar.
Era aquellos días, donde la cumbre de una pequeña montaña de arena me daba una vista nada envidiable a la que se puede tener desde la cima del Everest.
Eran aquellos días, donde la rama arqueada de un árbol producía estruendosos disparos simulados desde mi garganta; que iban directamente al pecho de aquel ladrón que caía abatido en el suelo sin sangre y sin dolor.
Eran aquellos días, donde la hoja verde del viejo árbol de café podía pagar cualquier objeto que desease de aquella improvisada tienda de la esquina del gran patio, curiosamente atendida por mis primos y hermanos.
Eran aquellos días, de aquel amor platónico, de hermosa blancura y rosadas mejillas, obviamente no correspondido debido a su adolescente adultez la cual se sumaba por encima de mi niñez.
Eran aquellos días, donde esperaba tus regresos con olores a pan dulce y a fuerte de plata, provenientes de tu mano engarrotada victima de aquellos cuentos de caminos que tanto contabas.
Eran aquellos días, donde las calles del pueblo eran interminable y ahora resultan visiblemente terminables, donde el tronco caído era el mejor escondite a pesar de estar a la vista de todos.
Eran aquellos días, de la casa grande arropada por el inmenso verdor de las montañas a su espalda, donde recorría el pedazo de tierra en que reposaba en compañía de mis perros.
Eran aquellos días, de mi primer encuentro con el mar y me preguntaba a quien se le había ocurrido la idea de ponerle tanta sal, pero una vez que lo contemple en su inmensa forma, hasta hoy en día lo he sabido adorar; es allí donde me encuentro, donde se aleja el pesar.
Eran aquellos días, donde responsabilidad era una palabra totalmente desconocida, donde mi mayor pecado era dejar de hacer la tarea por montar la bicicleta, donde el baño taciturno era un rutinario castigo después de la noctambula cepillada de dientes.
Eran aquellos días, donde nació una verdadera amistad que hoy en día conservo, antes compañeros de juegos y travesuras ahora compañeros en alegrías y tristezas, en éxitos y fracasos.
Era increíble todo lo que pasaba en ese mi mundo, donde la imaginación hacia de las suyas dándome los mejores papeles protagónicos en infantiles historias, no había nada que no pudiera ser o poseer; era ese mi reino de lo fantástico.
Alexis Prado.